

Pasé la mañana con la abuela Joaquinita preparando arroz con bleo, una mata que a mí me pareció al principio una maleza cualquiera.
Viernes
Bueno, ella hacía varias otras cosasa la vez, porque siempre está sucediendo de todo en esa cocina. Picaba, molía, cortaba, lavaba, mientras

yo apenas podía ayudar con el arroz y con la única tarea de la casa en la que parece que soy buena: desgranar maíz. Grano a grano fui pelando tusas, en lo que el arroz terminaba de estar. La tía Tulia entraba y salía de la cocina, pero estaba en realidad ocupada haciendo diligencias para el festival de toros. Ahí caí en la cuenta de que yo no iba a estar ese fin de semana, porque tocaba volver


a la escuela en Malambo. Eso me puso triste. No le dije a nadie, solo perdí interés en cualquier cosa que tuviera que ver con los preparativos del bendito festival ese . Y luego también sentí rabia por esa necesidad de la gente de estar haciendo desorden y ruido y poniendo música hasta tarde, o mejor dicho, hasta temprano en la mañana, y uno trasnochado sin pegar el ojo.
