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No sé cuántas horas pasamos en eso. En el colegio de Malambo bailamos una cumbia más tradicional. La presentación de los amigos de Eli y Abasi se parecía a eso, aunque más intensa. Me dieron ganas de pararme a bailar pero fue mayor grande la pena. Me da rabia conmigo cuando eso me pasa, porque luego me quedo sintiéndome chiquita y boba. A mi mamá no le gustaban las niñas bobas.

Hoy me raspé la rodilla jugando en la cancha. Estuvimos brinconiando desde la mañana con Eli y Abasi, que vinieron temprano a decirme que fuéramos a un ensayo de baile. Al parecer, el festival de toros es pronto y todo mundo tiene algo que hacer. El grupo de danza era otro montón de pelaos que ya estaban listos para ensayar en el andén de una casa. Alguno había traído un parlante mediano que sonaba duro, como un turbo láser de esos que retumban en el cuerpo así esté uno quieto mirando, como yo, que me senté solo a observar porque ya tenían la coreografía armada. Del andén, nos pasamos a la calle buscando más espacio y terminamos en el patio de otra casa vecina donde estaban unas señoras moliendo yuca mientras los pelaos hacían bulla y bailaban.

Jueves

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